¿Y si pudieras crear una universidad dentro de tu empresa?

universidades corporativas

¿Has oído hablar alguna vez de las Universidades Corporativas (UC)? Si todavía no sabes qué son ni cómo funcionan, seguramente estés perdiendo una oportunidad única para mantener a tus empleados motivados, satisfechos y formados. Al fin y al cabo, en el post anterior ya vimos que la formación se ha vuelto un factor clave para que los nuevos trabajadores elijan una empresa u otra para desarrollar su carrera profesional. También comprobamos que los modelos tradicionales estaban perdiendo fuerza respecto a los que fomentan un aprendizaje a la carta, basado en la libertad y la flexibilidad del alumno. Pero en esta ocasión no queremos hablar de plataformas virtuales, ni vídeos en streaming, ni webinars. En esta ocasión, te proponemos algo más ambicioso: crear una universidad dentro de tu propia empresa y aprovechar la formación de los empleados para conseguir los objetivos de la organización.

¿Te parece misión imposible? ¡Pues no lo es! Cada vez hay más compañías que se olvidan de los proveedores externos y desarrollan sus propios programas formativos, mucho más personalizados y en consonancia con las necesidades actuales de la plantilla y de la organización. Según el Informe sobre planes de formación 2016, presentado recientemente por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), un 37% de las empresas españolas incrementará la inversión en formación durante los próximos años, mientras que un 42% reconoce que mantendrá los presupuestos destinados a este fin. Además, entre el 75% y el 100% de las organizaciones que participaron en el estudio aseguran que ofrecen una formación de producción propia, financiada mayoritariamente por ellas mismas. Estos datos reflejan la clara apuesta de las empresas por este tipo de formación corporativa, basada en una gestión del conocimiento directamente alineada con los objetivos y estrategias de la organización.

Un fenómeno con historia

Si no habías oído hablar de las UC hasta ahora, a lo mejor piensas que es un concepto innovador de estos últimos años, pero nada más lejos de la realidad. Hace ya 55 años que McDonald’s inauguró su propia universidad, la Hamburger University, en Illinois (Estados Unidos), donde cada año acuden más de 5.000 alumnos que aprenden todo sobre esta empresa y su relación con los proveedores y los clientes. Fueron los primeros en darse cuenta de la importancia de formar continuamente a sus trabajadores, pero muy pronto otros grupos como General Electric o Telekom siguieron sus pasos. 

En España, la empresa pionera fue Gas Natural, que en el año 2000 creó su propio centro de formación para ofrecer cursos bajo demanda para cubrir ciertas necesidades. Ahora, 16 años más tarde, el modelo de aprendizaje ha variado notablemente y, según han confesado desde la empresa en varias entrevistas, es mucho más personalizado y está centrado en los individuos más que en los colectivos. No obstante, el intercambio de experiencias entre empleados y el networking sigue jugando un papel esencial en este tipo de centros.

Poco a poco, el resto de grandes empresas se han ido dando cuenta de la necesidad de formar a sus empleados internamente y han puesto en marcha sus propias universidades o centros de formación. El Grupo Santander, por ejemplo, en 2005 desarrolló el Centro Corporativo de Formación y Desarrollo, en el que la compañía invierte casi 80 millones de euros al año. Y hay muchas otras empresas que no han querido quedarse atrás: CaixaBank, Asepeyo, Iberia, Acciona, Everis, Correos, Indra, NH Hoteles…

Todas están encantadas con el resultado y aseguran que este tipo de centros corporativos permiten centrarse más en los aspectos prácticos que en los teóricos, pudiendo preparar mejor a sus líderes para afrontar problemas relacionados con el día a día de la organización. Como profesional de Recursos Humanos, sabrás que contar con los mejores profesionales en todo momento es fundamental para ser una empresa sostenible a largo plazo. Así que, si en tu organización todavía apuestan por contenidos externos, genéricos y sin demasiada relación con tus objetivos corporativos, ¿por qué no les propones invertir en programas formativos propios y, si es posible, en crear un centro específico para este fin? ¡Merecerá la pena!